Sobre nosotros

Acerca de mí

Hola, soy Patricia Ester, las manos detrás de cada accesorio Agapimú.
Hace muchos años la señora que me confeccionaba ropa para mi uso personal me ofreció muy gentilmente enseñarme a coser. Yo acepté, pero en realidad nunca tuve un interés real.
Pasó el tiempo y me fui a vivir al extranjero. Un día recibí un mensaje de una entonces amiga que me comentó que estaba terminando de coser un vestido que usaría en la ceremonia de graduación de un curso de costura que había tomado. Lo encontré fascinante y me prometí a mí misma que cuando regresara a Chile, compraría una máquina y que finalmente aprendería a coser.

Nuevamente transcurrió el tiempo…

Un día mientras estaba de vacaciones en Caburgua tomé la firme decisión de cumplir esa promesa que me había hecho a mí misma de aprender a coser.
Así lo hice: contacté a una buena amiga quien desinteresadamente me enseñó a usar la máquina y el resto ha sido práctica, tutoriales en línea y creatividad propia.

Disfruto mucho combinando telas, colores, texturas y también ¿cómo no? descosiendo y cosiendo de nuevo para que la pieza quede perfecta.
Quiero que quienes reciban mis confecciones queden muy complacidos, que les encanten.

¿Por qué “Agapimú” se llama así?

Soy de las personas que gustan de los idiomas y que tienen una cierta facilidad para entenderlos o al menos saber de cuál se trata.
Empecé a escuchar la palabra “agapimú” en diferentes expresiones artísticas: en la canción que suena desde hace años en más de alguna emisora de radio interpretada por una reconocida cantante española; más tarde escuché esa misma expresión en una telenovela romántica que cuenta la historia de una joven protagonista a la que su enamorado llamaba “agapimú”.
Motivada por la curiosidad investigué su significado en el buscador más famoso de internet y descubrí que “agapimú” quiere decir en idioma griego *“mi amor, mi preferido, mi favorito”*.
Como yo también leo y creo lo que dice el Nuevo Testamento, sé que éste se escribió en idioma griego por ser el más completo que existe, me pareció que ya era una razón suficiente para usar este vocablo como propio.
Un día conversé con mi sobrino, un adolescente en ese entonces, y le comenté que tenía pensado ponerle “Agapimú” a mi marca comercial y me respondió que era una gran idea, que a él le parece que a las personas les atraen las marcas que tienen nombre de idioma extranjero. ¡No fue necesario seguir meditándolo más!